La fiebre del póker sigue haciendo furor en el mundo. Vivimos hace unos años su apogeo cuando todos vieron con asombro como Chris Moneymaker, la viva imagen de un típico estadounidense medio, pilln un tajo de $ 2.5 millones en efectivo en la World Series of Poker. Desde entonces, la cosa no ha parado.
La cadena de televisión estadounidense ESPN comenzó a cubrir el poker sin límite, abriendo la puerta a otros "deportes" como el paintball en cuestión de difusión en pantalla. Internet se convirtió en el lugar de acogida del poker – y se hizo tan popular que todo el mundo, desde chiquillos hasta abuelas, se dedicaron a matar el tiempo jugando al poker online.
Se pensaba que que el Gobierno de España quiera legislar al respecto podría suponer un problema para la industria, en caso de que sucediera algo similar a lo sucedido en EEUU donde el Congreso declaró los juegos de azar en línea ilegales. Como resultado, casi todos los sitios web de póker más importantes han dejado de operar allí. En España, por el contrario, la regularización es bienvenida, ya que consolida al sector.
No obstante, el debate está en si el póker debería ser puesto en el mismo saco que las apuestas normales. El poker es un juego que, a largo plazo, siempre premiará al jugador más hábil. La razón por la que las amas de casa que se juegan los dineros en las tragaperras no juegan al póker, es porque las tragaperras, a diferencia del poker, es un juego de azar puro, donde el jugador no tiene control sobre su destino. Aunque haya gente que no pueda aceptar el póker como un deporte, tiene que ser aceptado como tipo de competición en la que el talento prevalece sobre la suerte.
Está claro que tratar al póker como un juego de suerte puede ser desastroso. Es por eso que que las ganancias se graven o que haya límites de edad y de depósitos, no tiene por qué limitar la expansión de este deporte en España, ya que en realidad va a establecerlo como lo que es, un deporte de habilidad, no simplemente basado en el azar.